El Mocho Edwin para presidente


Imagen de José Antonio Puglisi

La sociedad venezolana está enamorada de la romántica idea del caudillo. La población se siente identificada con la imagen de un hombre recio que, impulsado por sus propios intereses, aparece a la palestra pública e impone sus pensamientos a través de la fuerza. Si bien el caudillismo fue un pensamiento arraigado en la sociedad latinoamericana del siglo XIX, los venezolanos parecen no haber pasado la página y siguen esperando a un nuevo líder poderoso que, subido en su caballo (o actualmente en un vehículo) atraviese el país y gane adeptos con su carisma y su fuerza.

La pasión por los caudillos quedó evidenciada durante el gobierno de Hugo Chávez. La población se sintió identificada con los discursos de guerra que invitaban al nacionalismo y a la lucha. Temas muy emotivos, pero carentes de realidad, ya que no existía ningún enemigo nacional más allá que la alta inflación o la incontrolable delincuencia. Ahora que el líder de la “revolución” ha desaparecido, la población está a la espera de ese nuevo líder que tome las riendas y guíe al país sin hacer muchas preguntas a la población.

Lamentablemente para el Gobierno, Nicolás Maduro no cuenta con esta percepción social. Una parte de los ciudadanos pueden verle como el hombre elegido por Chávez o como “uno de los que surgió desde abajo”, pero no como un hombre valiente que haya conquistado su posición. Un rango que, sorprendentemente, ha logrado en sólo unas semanas conseguir Edwin Ramón Soto Nava, mejor conocido como El Mocho Edwin. Un recluso de la Cárcel Nacional de Maracaibo (la cárcel de Sabaneta) que, como en uno de los libros de Juegos de Tronos, ha tomado estratégicamente el control del centro penitenciario tras la muerte del pran Pedro Caldera.

El salto mediático de El Mocho Edwin ocurrió cuando, durante 17 horas, la cárcel se convirtió en un campo de batalla para determinar quién controlaría las áreas internas de la prisión (algo que, evidentemente, ha sido incapaz de hacer el Gobierno a pesar de sus recursos y la creación del Ministerio del Poder Popular para el Servicio Penitenciario). La situación concluyó con un total de 16 fallecidos, entre los que se encontraban el pran Rick y sus dos hermanos, y con El Mocho Edwin convertido en el gran pran de la cárcel de Sabaneta.

Su victoria le ha servido para que adquiera el rol del caudillo. Una posición que, desde el propio Gobierno es avalada, tal y como demuestran los beneficios que ha recibido en su traslado a la cárcel de Tocorón. Para comenzar, según anuncian los medios, El Moncho Edwin salió de la prisión en un vehículo blindado y completó el viaje por vía aérea con el resguardo de 15 de sus hombres. Unos privilegios que no disfrutaron los demás reclusos.

La popularidad de El Moncho Edwin está creciendo aceleradamente y está llegando a superar a la de la ministra de Asuntos Penitenciarios, Iris Valera, o del propio Nicolás Maduro. De ahí que se esté consolidando como un nuevo caudillo nacional y ya esté ganando adeptos. Esos que, desde las redes sociales, ya comienzan a pronosticar una carrera política tras obtener la libertad: El Mocho Edwin para presidente.

@JosePuglisi

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