Espantoso: Le clava un cuchillo a su hermano en el corazón


Los pleitos entre Alexánder Gómez (27) y Jairo Román (44) eran constantes. Los hermanos, que comparten la misma madre, iniciaban una noche de licor y terminaban en los golpes. Hasta que ayer el segundo de los cinco hijos de Rosalba tomó un cuchillo.

Fue como emular a Caín. Alexánder no tenía empleo fijo, le pedía dinero a su madre y, a pesar de los problemas, contaba con su hermano cuando necesitaba trabajo. Jairo era dueño de Electroauto JR, ubicado en la avenida 60B del barrio Lomitas del Zulia, al oeste, y tenía once hijos con distintas madres. Construyó una casa de dos plantas sobre su negocio, aseguró tranquilidad económica a su familia y era el sostén de la casa.

Uno de los trabajadores de Jairo dijo que eso se veía venir, aunque no tan dramático. Alexánder, violento, le dio una golpiza a su esposa hace tres semanas. Su hermano mayor pagó la fianza, compró a algunos funcionarios y buscó algunas influencias para que su hermano no llegara al retén El Marite. El muchacho no agradeció el gesto, al contrario, aumentaron la discusión porque Jairo, después de ayudarlo, le reclamaba su mala conducta.

Crimen

El martes en la noche todo parecía tranquilo. Rosalba estaba entre sus dos hijos y su nieta, hija del mayor. En medio de la conversación por aquel día del conflicto conyugal, Alexánder preguntó a su hermano si era capaz de acostarse con su mujer en caso de que él fuera a la cárcel. Jairo, tajante y borracho, dijo que sí.

Los testigos lo tomaron como un chiste. La situación parecía haber terminado y Alexánder, en medio de las carcajadas, entró a la casa a buscar una cerveza. También traía un cuchillo carnicero que habían encontrado en la cocina de su madre y lo mató.

Con una mano le ofreció la botella y con la otra le asestó la lámina afilada en el medio del pecho. La aguja tocó el corazón, paralizó los órganos, provocó la hemorragia y aceleró la muerte. Rosalba se llevó las manos a la cabeza, gritó ayuda y los vecinos trataron de socorrerlo. Cuando llegaron a la emergencia de la clínica Sagrada Familia ya estaba muerto.

Los trabajadores de Jairo no creen lo que pasó. Lo consideraron un hombre justo, amable, alegre y chistoso. Peleaba con su hermano, pero echaron las culpas a Alexánder, por su conducta violenta ante cualquier miembro de su familia.

Varios de los empleados se enteraron del hecho a las 4.00 de la mañana, una hora después del crimen. Entonces corrieron a la casa a buscar al asesino. Alexánder ya no estaba.

La Policía científica lo busca en San Francisco. El hombre trabajaba en el negocio de su padre y vivía en el barrio Los Robles, al oeste de Maracaibo y muy cerca del municipio sureño.

Fuente: http://www.laverdad.com/detnotic.php?CodNotic=81558

DJ

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